De niños soñábamos con poseer una increíble visión subacuática. Las gafas de buceo eran la mejor solución, pero sumergirse en el agua sin ellas se convertía en un reto entre amigos para ver, nunca mejor dicho, quién poseía la mejor visión submarina de todo el grupo.

Los juegos eran muy simples, lanzar un objeto al fondo de la piscina o del mar, para luego intentar recogerlo. Servía cualquier objeto, pero, curiosamente, el que más se utilizaba eran las gafas de buceo.

 

¿Por qué vemos mal debajo del agua?

La razón se debe a un proceso que conocemos como refracción. Tal y como hemos mencionado en un artículo anterior, los rayos de luz sufren una desviación cuando pasan por capas o medios que poseen densidades diferentes. La desviación depende directamente del índice de refracción del medio.

Nuestro ojo está diseñado para adaptarse al índice de refracción del aire, de esta forma las imágenes se proyectan enfocadas en la retina. Sin embargo, cuando el medio es otro diferente al aire, en este caso agua, con un índice de refracción parecido al cristalino, la imagen se proyecta en la retina desenfocada. Debajo del agua, sufrimos una especie de hipermetropía muy alta que nos hace ver borroso.

La forma de corregirlo es interponiendo una cámara de aire entre el agua y el ojo, para que el cristalino pueda ejercer con normalidad su función de enfoque. Esta cámara de aire la proporciona las gafas de buceo.

 

Los niños delfín

Los Moken, son unos habitantes de una tribu nómada marina de la costa oeste de Tailandia, que han desarrollado la increíble habilidad de ver bajo el agua con total claridad, motivo por el cual les llaman “niños delfín”.

La tribu alguna vez dependió por completo del océano, mientras que los adultos se encargaban de la pesca de superficie, lo niños se sumergían a diario para conseguir alimentos como almejas y moluscos. En la actualidad, se ha demostrado que los niños Moken son capaces de adaptar sin ningún problema su visión bajo el agua, y así ser más eficientes durante la pesca. Una clara prueba de la capacidad de adaptación del cuerpo humano.

Anna Gislen, una investigadora de la Universidad de Lund, ha pasado casi dos décadas investigando a los “niños delfín” para encontrar una explicación a esta habilidad y medir exactamente lo clara que podía llegar a ser su visión subacuática. Durante estos años, Gilsen realizó diferentes tipos de pruebas. Una de ellas consistía en sumergir bajo el agua imágenes de líneas que, posteriormente los Moken más jóvenes debían de interpretar.

Con cada inmersión, los dibujos se alejaban más y las líneas pasaban a ser más finas. Aún así, los “niños delfín” eran capaces de superar la prueba.

La investigadora llevó a cabo la misma prueba con niños europeos y, además de no superarla, los niños presentaron problemas de irritación ocular. Sin embargo, los niños Moken, no sufrían ningún tipo de irritación o molestia tras sumergirse bajo el agua salada hasta treinta veces.

 

¿Cómo lo hacen?

Aún no está del todo claro, pero se cree que estos niños son capaces de modificar la forma de la lente, al igual que los delfines, mediante la acomodación del cristalino para poder enfocar bajo el agua y, además, son capaces de contraer las pupilas hasta el límite posible aumentando así la profundidad de campo.

Gislen cree que a medida que se hacen adultos, los Moken pierden su visión subacuática. Esto se debe a que, con la edad, la lente pierde su elasticidad y la posibilidad de acomodar la vista al medio acuático.

 

En la actualidad, debido a los cambios de hábitos de la tribu, los Moken han dejado de ser tan dependientes del mar. Esta evolución en su estilo de vida les está haciendo perder la habilidad que los hacía únicos, el sueño de todo niño, la visión subacuática, es decir, los “ojos de delfín”.

 

 

Fuente: https://es.gizmodo.com/la-extraordinaria-historia-de-los-moken-la-tribu-que-p-1823725246