El estrés es una reacción física en la que se activan diferentes mecanismos de defensa ante una situación que percibimos como amenazante.  Esta respuesta del cuerpo ante la amenaza resulta positiva, siempre y cuando no supere un cierto nivel, para poder enfrentarnos a los cambios.

El problema surge cuando sobrepasamos este umbral, poniendo en peligro nuestro bienestar. En estas situaciones las respuestas naturales pueden convertirse en permanentes o crónicas y afectar a todo nuestro organismo, incluidos los ojos.

 

Entre los síntomas más habituales se encuentran:

1.Mioquimias o Tics: Las mioquimias, comúnmente conocidas como “tics”, consisten en pequeños temblores palpebral (de los párpados) y son causadas por contracciones del músculo afectado. Estos temblores son temporales, suelen durar unos días o pocas semanas y tienden a afectar a la población más joven. Normalmente son el resultado de un estado de estrés o falta de sueño y rara vez las mioquimias están asociadas a otras enfermedades.

2.Blefaritis: La blefaritis es una condición oftalmológica muy común que consiste en la inflamación del párpado. Esta condición causa irritación, enrojecimiento y escozor. Las causas pueden ser varias entre las que se encuentra estrés y ansiedad.

3.Túnel de Visión: El estrés puede provocar que sólo seamos capaces de ver los objetos situados directamente frente a nosotros, asemejándose a un túnel de visión que nos impide ver a los laterales. Esto es una respuesta natural del cuerpo cuando se siente amenazado, centrando la visión únicamente en aquello que considera importante.

3. Pérdida de la visión:  La mácula es la parte central de la retina que se encarga de percibir detalles y el estrés puede generar que se inflame. Cuando esto sucede puede provocar dificultad a la hora de enfocar y pérdida transitoria de la visión. En casos de alto grado de estrés puede ocasionarse la pérdida súbita de visión generando manchas opacas que impiden totalmente la visión.