Con la llegada del verano comienzan todas las advertencias: cuidarnos para mantener una correcta hidratación; echarnos crema solar para protegernos de los rayos del sol… Al igual que la piel, nuestros ojos se ven afectados por el sol, pero no es el único factor del verano que afecta a nuestra visión.

Los rayos de sol

Los rayos de sol son radiaciones electromagnéticas emitidas por el sol al liberar energía. No todas estas radiaciones llegan a nosotros ya que al atravesar la atmósfera parte se queda fuera de la tierra. Aunque los rayos de sol tienen propiedades beneficiosas para nuestra salud, como ayudar a la producción de vitamina D, si no protegemos nuestros ojos podemos sufrir alguna de estas consecuencias:

  • Quemaduras oculares: Las partes más sensibles a este tipo de quemaduras son la córnea, el cristalino y la retina. Alguno de los síntomas es la irritación, el lagrimeo, dolor ocular e incluso la perdida parcial de la visión.

  • Pterigión: esta dolencia consiste en el crecimiento excesivo del tejido de la córnea. Esto provoca una sensación de molestia en el ojo y algunas veces lagrimeo o enrojecimiento.

  • Cataratas: Es importante recordar alguno de los síntomas de las cataratas como visión borrosa, sensibilidad a la luz y modificaciones en la graduación de nuestras gafas.

  • Oftalmia: este problema ocular consiste en una inflamación excesiva de los ojos que puede causar dolor, lagrimeo y ceguera temporal.

  • Tumores: no es muy frecuente pero la excesiva exposición solar puede dar lugar a esta afección y poner en riesgo tu salud ocular.

¿Cómo nos podemos proteger de ello? Debemos evitar exponernos al sol en las horas en las que esté en una posición más alta, normalmente entre las 11:00 y 17:00 horas. Utilizar gafas de sol de calidad y con la protección indicada para el uso que les vas a dar. Para ello, no dudes acudir a tu óptica de confianza, ellos podrán ayudarte a escoger la mejor protección para cada situación. Por ejemplo, si vas a la playa, será mejor que utilices gafas de sol polarizadas para evitar deslumbramientos ya que los reflejos de los rayos solares son más intensos en el mar, y también son perjudiciales.

 

¿Cómo daña la piscina y el mar la salud de tus ojos?

La mayor parte de los problemas ocasionados en los baños tanto en la piscina como en el mar son las irritaciones, aunque esto suele solucionarse a los pocos días o tras un tratamiento tópico adecuado.

Los ojos rojos en las piscinas suelen ser bastante frecuentes y aunque creemos que se debe al alto contenido de cloro, esta no es la única razón. En una piscina el cloro se una a otras sustancias que intenta neutralizar y crea químicos irritantes.  Lo que provoca los ojos rojos es la mezcla entre cloro, sudor y orina.  Pero no hay que preocuparse demasiado, usando gafas de buceo y lavando los ojos en la ducha después del baño eliminarás toda la suciedad.  Con una ducha previa al baño mantendrás el agua de la piscina lo más limpia posible. ¿Ahora entiendes por qué las duchas son tan importantes?

En el mar los riesgos son distintos, se puede producir alguna irritación leve si tu ojo está sano, pero cuando tu ojo sufre de alguna afección o se encuentra en proceso de curación, el agua del mar es muy probable que empeore esta situación. Se aconseja no bañarse en el agua de mar después de una operación o si se está realizando algún tipo de tratamiento. Otro de los peligros son las picaduras de animales marinos como pueden ser las medusas. Si nos pica en el párpado o en las proximidades del ojo puede producirse una quemadura química que deberá ser tratada por un oftalmólogo. Para protegernos de esto es recomendable utilizar siempre gafas de buceo homologadas.

 

¿El aire acondicionado afecta nuestros ojos?

En esta época del año es muy habitual el uso del aire acondicionado, y aunque nos hace más tolerables a las altas temperaturas puede ocasionar problemas en nuestra salud ocular.

El aire acondicionado crea ambientes más secos que provocan que nuestra película lagrimal se evapore más rápidamente causando sequedad ocular. Esto no afecta a todos los ojos por igual, pero hay perfiles más propensos como:

  • Los que sufren una exposición más continua y cercana a los focos de salida del aire.

  • Las personas que ya sufren del síndrome del ojo seco.

  • Los que sean usuarios de lentes de contacto.

Para prevenir los efectos nocivos del aire acondicionado debemos evitar pasar largos periodos de tiempo en ambientes climatizados y alejarnos de las salidas de aire directas. El uso de humidificadores y lágrimas artificiales también pueden evitar las molestias de la sequedad.