¿Es todo lo que vemos real? El siguiente caso es un claro ejemplo de que no vemos con los ojos, sino con el cerebro.

En un artículo anterior hemos hablado sobre la prosopagnosia, una rara enfermedad que se caracteriza por la incapacidad reconocer rostros. Quien la sufre es capaz de identificar rasgos de la cara, como la nariz o la boca, pero le resulta imposible identificar de quién se trata. Incluso hay casos donde el propio afectado es incapaz de reconocer su propio rostro.

¿Somos capaces de diferenciar lo real de una alucinación? Siempre hablamos sobre el complejo mecanismo de la visión y del papel fundamental que tiene el cerebro en todo el proceso. Si en nuestro cerebro algo no funciona como debería, puede hacer que veamos cosas que no son reales y que escapan fuera de nuestro control.

En 2011 una mujer de los Países Bajos acudió a una clínica afirmando que veía como los rostros de las personas se transformaban en caras de dragones. No era la primera vez que le sucedía, de hecho, había vivido 52 años con estas alucinaciones.

La afectada era capaz de reconocer los rostros, pero pasado un cierto tiempo, las caras empezaban a oscurecerse y a escamarse. Los dientes y orejas a alargarse hasta adoptar una apariencia similar a la de un reptil, con ojos grandes y amarillos, azules o verdes. Pero estas transformaciones no solo se generaban en el rostro de las personas. Las paredes, enchufes y pantallas de ordenador también eran objeto de esta curiosa alucinación.

Durante su infancia, estas alucinaciones no suponían ningún inconveniente en su vida diaria. Los problemas empezaron a surgir en la adolescencia, cuando las alucinaciones se intensificaron hasta el punto de afectar por completo sus relaciones sociales.

 

¿Qué lo provocaba?

Tras varias pruebas y estudios, los expertos han concluido que la mujer sufría lo que se conoce como prosopometamorfopsia, una perturbación psíquica que hace que las personas perciban malformaciones y distorsiones en los rostros de las personas.

Pero la mujer que veía dragones no es el único caso de prosopometamorfopsia detectado, se tiene constancia de otros casos como la paciente que veía como los rostros acababan convirtiéndose en caricaturas de sí misma.

A día de hoy, la ciencia sigue sin saber qué provoca esta rara enfermedad, aunque se cree que puede estar vinculada con la circunvolución fusiforme, una parte del cerebro asociada con la capacidad de reconocimiento facial. Si esta área del cerebro se ve afectada o dañada, puede dar lugar a que el afectado sufra alucinaciones, o sea incapaz de reconocer rostros (prosopagnosia).  

Tras varias pruebas, los médicos han descubierto que utilizando un fármaco coligérnico (relacionado con la colina), el mismo que se emplea contra el Alzheimer, llamado rivastigmina, eran capaces de controlar las alucinaciones. Lo que hace este fármaco es aumentar los niveles del neurotransmisor acetilcolina en diversas regiones del cerebro.

Aunque durante la adolescencia, los problemas en su vida diaria aumentasen a raíz de esta enfermedad, logró acabar la carrera, formar una familia y conseguir trabajo. Pero la dificultad de mantener una percepción estable sobre las caras de las personas, le generaba problemas de comunicación y conflictos en el ámbito laboral que le obligaban cambiar de trabajo continuamente. Actualmente, gracias al tratamiento proporcionado, la paciente puede disfrutar de una vida normal.

 

 

Fuente: https://www.sciencealert.com/the-woman-who-looked-at-faces-and-saw-dragons

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(14)61690-1/fulltext