Cuando pensamos en nuestra infancia tendemos a recordar los numerosos consejos y advertencias de nuestra madre para protegernos. Muchas de estas advertencias son más mitos que realidades: “Come zanahoria para curar la miopía”. Pero en algo sí que tenían razón, mirar fijamente un eclipse solar puede dañar los ojos.

Todos recordamos la primera vez que hemos intentado ver un eclipse solar utilizando filtros solares, gafas de soldar de algún familiar o algún otro método casero (no aconsejable) sin tener en cuenta el grado de protección que aportaba ante los rayos del sol.

Sabíamos que mirar directamente al eclipse solar dañaba la vista, incluso que nos podía dejar ciegos, pero sabíamos exactamente por qué, ¿por qué daña más un eclipse solar que los rayos del Sol de un día normal y corriente?

 

¿Qué es un eclipse solar?

En primer lugar, cabe destacar que no todos los eclipses son iguales. En la Tierra podemos experimentar dos tipos de eclipses: el lunar y el solar, y es este último el que puede perjudicar nuestra salud ocular.

Un eclipse solar ocurre cuando la luna pasa entre la Tierra y Sol dejando visible un aro de luz y ocultando por completo la luz del Sol. Esto significa que, durante el día, la Luna se mueve por delante del Sol proyectando su propia sombra en la Tierra durante aproximadamente 2 minutos y 40 segundos.

 

¿Por qué daña la vista?

El Sol emite radiaciones como los rayos X, ondas de radio, UV o los infrarrojas, pero lo que nuestros ojos son capaces de interpretar del Sol es la luz visible. Las fibras musculares que forman el iris funcionan como el diafragma de una cámara de fotos, permiten que la pupila se contraiga y dilate para controlar la cantidad de luz que entra en el globo ocular.

Durante el día disponemos de varios métodos para protegernos de la radiación solar. Al entrar en contacto con la luz, nuestras pupilas automáticamente se contraen, nuestros párpados se cierran y nuestras pestañas ayudan a crear una sombra sobre los ojos. De esta manera conseguimos reducir las radiaciones que entran hasta la retina.

Durante un eclipse, la Luna oculta por completo la luz del sol, esto significa que la protección ocular anteriormente mencionada queda deshabilitada, pues al no haber luz, nuestro mecanismo de defensa no se activa, y, por el contrario, nuestro ojo hace todo lo posible para captar la luz, es decir, la pupila se dilata. Esta fase del eclipse dura muy pocos segundos, en el momento en que la Luna vuelve a dejar visible una pequeña parte del Sol, la luz y las radiaciones volverán, pero los ojos no estarán preparados para bloquearlo, dejando pasar un exceso de radiaciones que en pocos segundos son capaces de quemar la retina.

Podemos estar minutos mirando al Sol durante el eclipse mientras las células de la retina se queman, y aun así no sentir dolor alguno. Esto se debe a que la retina carece de células de dolor.

30 segundos expuestos al Sol pueden ser suficientes para conducirnos a una ceguera parcial o, incluso, permanente. Esta condición se conoce como retinopatía solar.

 

¿Cómo podemos ver un eclipse solar?

Para ver directamente un eclipse solar es importante hacerlo a través de filtros solares certificados por la Organización Internacional de Normalización (ISO). Si lo que queremos es capturar las diferentes fases del eclipse utilizando unos binoculares o un telescopio, no debemos de olvidar de utilizar filtros especializados para la lente.

Un eclipse solar es siempre un evento espectacular que merece la pena presenciar, cada año se producen entre 2 y 5 eclipses, y no siempre tenemos la suerte de verlos, por ello y para que la experiencia sea buena, es importante poner en práctica las debidas protecciones.

 

 

Fuente: http://www.chematierra.mx/el-universo/el-sol/por-que-nunca-debemos-ver-directamente-un-eclipse-de-sol/

https://www.infobae.com/america/wapo/2017/08/18/alguna-vez-te-preguntaste-por-que-no-deberias-mirar-un-eclipse/