El glaucoma es una condición que provoca pérdida de visión, e incluso ceguera debido a un daño en el nervio óptico. Normalmente ocurre por una acumulación de humor acuoso. El exceso de este líquido en el interior del globo ocular ejerce presión en el ojo dañando así el nervio.

El glaucoma supone la segunda causa de ceguera en el mundo y afecta aproximadamente a 1 millón de personas en España. Es una condición “silenciosa” porque no tiende a mostrar síntomas o pérdida brusca de la visión, por ello, quienes lo padecen no siempre lo saben. Al no saber que sufren esta condición, el problema empeora gradualmente, y si no se detecta a tiempo puede acabar en ceguera.

 

¿Cómo produce el glaucoma?

El ojo produce de forma continua un líquido llamado humor acuoso, que sirve para nutrir y oxigenar todas las estructuras del globo ocular sin aporte sanguíneo, como la córnea y el cristalino. Si el ojo no ejerce correctamente la función de drenar el humor acuoso generado, se acumula y se produce lo que se conoce como hipertensión intraocular. La presión ocular elevada daña el nervio óptico, encargado de enviar al cerebro toda la información percibida por nuestros ojos, y si no se trata o no se detecta a tiempo, puede causar problemas de visión e incluso ceguera.

 

Tipos de glaucoma

Glaucoma de ángulo abierto: Es el glaucoma más común, supone el 90% de todos los glaucomas y afecta a la visión periférica. El momento en que el paciente note sus síntomas, el daño ya será permanente. El glaucoma de ángulo abierto, también conocido como primario o glaucoma crónico resulta de una obstrucción de los canales de drenaje.

Se llama de “ángulo abierto” para referirse al ángulo de abertura entre el iris y la córnea, que en este tipo de glaucoma tiene la distancia correcta.

gráfica de glaucoma ocular de ángulo cerrado

 

Glaucoma de ángulo cerrado: Conocido también como glaucoma de ángulo estrecho, es el menos común de todos los glaucomas. Producido también por la obstrucción de los canales de drenaje, en este caso, a diferencia del glaucoma de ángulo abierto, el ángulo entre el iris y la córnea es más cerrado debido a la presión ejercida.

Quien la padece presenta síntomas repentinos, como pérdida de visión, ojos rojos, náuseas, dolor ocular o halos rodeando las luces. Dichos ataques de glaucoma constituyen una emergencia, obligando al paciente a acudir al médico. Cada ataque puede producir la pérdida progresiva de la visión.

gráfica glaucoma ocular de ángulo cerrado

 

Glaucoma de tensión normal: o glaucoma de baja presión, es un tipo de glaucoma donde el nervio óptico se daña sin existir una alta presión ocular. Es un tipo de glaucoma de ángulo abierto que provoca la pérdida de visión de campo, mientras la presión intraocular se mantiene en rangos normales. Al igual que sucede con el glaucoma de ángulo abierto, los síntomas son imperceptibles por el paciente, y aún en la actualidad se desconocen sus causas.

 

Glaucoma pigmentario: En este caso la obstrucción del ángulo de drenaje del ojo se debe al desprendimiento de los gránulos de pigmentación del epitelio pigmentario del iris (parte de color del ojo), que se acumulan y reducen la capacidad de drenaje del ojo. En este caso tampoco es muy común la presencia de síntomas, aunque en ocasiones el paciente puede experimentar visión borrosa o dolores oculares.

 

Glaucoma congénito: este tipo de glaucoma se presenta en los bebés cuando los canales de drenaje no se han desarrollado del todo en el periodo prenatal. Es una condición rara que tiende a ser heredada, y al presentarse en niños es más difícil de detectarlo porque no son conscientes del problema.

 

Glaucoma secundario: los glaucomas de ángulo abierto y cerrado incluyen unas variantes en función de su causa, que puede ser debido a un tumor, un traumatismo o una infección ocular. Los glaucomas producidos por una lesión ocular son los que denominamos glaucomas secundarios.

 

Síntomas del glaucoma

Tal y como hemos podido ver en los diferentes tipos de glaucoma, se trata de una enfermedad asintomática, es decir, que no presenta síntomas, por este motivo es conocida como “la ceguera silenciosa”. Al desconocer su presencia, el glaucoma progresa gradualmente y de forma imperceptible, dañando el nervio óptico poco a poco. En el momento que el nervio óptico se ve afectado, los daños ya son irreversibles.

Para evitar daños permanentes es fundamental diagnosticar el glaucoma a tiempo, de esta forma podremos tratarlo y evitar daños en el nervio óptico. En los casos de glaucoma de ángulo cerrado agudo, el paciente notará diversos síntomas: nauseas, dolor ocular, náuseases fundamental acudir a un médico en el momento que aparezcan y así evitar la pérdida permanente de la visión.

 

Tratamiento

Dependiendo de la gravedad y del tipo de glaucoma, el tratamiento puede incluir cirugía, láser o medicación encaminados a aumentar la capacidad de drenaje del ojo o a disminuir la producción del humor acuoso. En muchos casos, al ser un glaucoma asintomático, el paciente puede generar un descuido en las instrucciones del médico, que ayudan a evitar daños en el nervio óptico. Si no seguimos estrictamente el tratamiento ofrecido por nuestro médico, no conseguiremos evitar el daño ocular, y puede ser muy tarde para solucionarlo.